Ecodistrito laMercedes en Barcelona
Un lugar para trabajar, jugar y vivir en un recinto industrial y cultural, preparado para combatir la emergencia climática.
La fiesta tuvo lugar en la Antigua Fábrica Mercedes, donde se generó un jardín como si se tratara de la futura plaza de laMercedes, para acoger a todas las personas importantes de la vida de Batlleiroig.
El 4 de julio de 2021 se cumplía el 40 aniversario de Batlleiroig, conmemorando la fecha en la que Enric Batlle y Joan Roig ganaron su primer concurso para realizar el Cementerio Metropolitano de Roques Blanques en El Papiol y que ponía en marcha el estudio. Con motivo de la pandemia del Covid-19 no se pudo compartir este hito con todo el equipo, amigos, clientes y colaboradores, provocando que se pospusiese su celebración hasta el 2 de junio de 2022.
La fiesta tuvo lugar en la Antigua Fábrica Mercedes de Barcelona, un ámbito clave de la ciudad en el que se está llevando a cabo una modificación del Plan General para su transformación en una nueva Eco-illa de Barcelona. Los edificios históricos de la fábrica son diseño de Robert Terradas y son un gran ejemplo de arquitectura moderna industrial en la ciudad de Barcelona.
El futuro proyecto urbano combina la preservación de este patrimonio arquitectónico con la integración del conjunto en el barrio del Bon Pastor y la voluntad de renaturalizar la ciudad. Por esta razón, la fábrica Mercedes se presentaba como el lugar ideal para la celebración del 40 aniversario, en un gran proyecto de ciudad en sintonía con la vocación de Batlleiroig de “fusionar ciudad y naturaleza”.


La espectacular nave de producción —rodeada de los edificios históricos que se convertirán en equipamientos públicos y privados, como la Escuela ELISAVA—, era el mejor espacio para acoger el evento. Esta gran nave industrial será la futura plaza pública de laMercedes, colonizada por la vegetación y devuelta a la ciudad como el corazón de esta nueva Eco-illa. En el gran espacio diáfano de 12.000 m² surgía la cuestión de cómo diseñar una fiesta en la que los invitados se sintiesen como en casa, en un jardín acogedor.
La nave industrial tiene una estructura en diente de sierra con grandes lucernarios orientados a norte por donde entra la luz natural. Esta estructura de hierro fundido pintada de verde tenía un gran atractivo para ser el telón de una gran fiesta, pero el entorno era frio, poco acogedor, y de unas dimensiones demasiado grandes para recoger el ambiente. Empezamos a dibujar cómo ocupar el espacio y generar el clima de un jardín, como si se tratara de la futura plaza de laMercedes y los edificios ya estuvieran construidos. Necesitábamos un gran espacio central donde reunir a todas estas personas importantes para la vida de Batlleiroig, pero nos preocupaba cómo acceder, cómo generar espacios más recogidos, dónde mostrar la historia de la oficina o dónde bailar. Fue un proceso complejo y bonito que terminó con una geometría que no era importante, sólo queríamos generar un contexto agradable donde compartir esa velada, un ambiente que debía ser identitario de Batlleiroig y que debía mostrar su historia, su presente y su futuro.
La intención era la de crear una sensación muy teatral en el acceso, buscando una entrada espectacular que diese la sensación a los invitados de que se adentraban en un bosque. Según uno se adentraba en este nuevo paisaje, la vegetación iba perdiendo densidad hasta abrirse un gran claro. Alrededor de este espacio central, la envolvente verde generaba múltiples lugares donde ubicar zonas de estar, los puestos de comida, el photocall, etc. y liberaba un generoso espacio en el centro, protagonizado por tres grandes pantallas en las que se proyectó un repaso por los 40 años de historia de Batlleiroig y desde donde se realizaron los discursos. En el mismo espacio se ubicó el escenario del concierto de cierre, que se convirtió en el verdadero corazón de la fiesta.

A la hora de materializar esta idea, el ciprés, Cupressus × leylandii, resultó el arbusto indicado para generar el telón de fondo del espacio gracias a su disponibilidad, fácil desplazamiento y montaje. Además, los 500 ejemplares utilizados se pudieron reutilizar para su uso en otros ajardinamientos cercanos.
Para potenciar la idea de estar dentro de un bosque se sumaron 150 abedules, Betula pendula, salteando el espacio y generando una copa que provocaba la sensación de que uno se perdía entre el verde. Una vez atravesado el laberinto de vegetación creado en el acceso, seis olivos, Olea europaea, de gran formato aportaban singularidad a ciertos puntos de este claro del bosque. Todos los árboles se llevaron al vivero para su uso en otros proyectos, cerrando así el circulo y evitando generar ningún residuo.
Uno de los grandes éxitos de la implantación fue que, gracias a la vegetación, se perdió la importancia de la geometría. La forma poligonal de este elemento verde no era relevante, poniendo el foco en cómo las personas percibían el espacio: una gran nave diáfana iluminada cenitalmente a través de sus cerchas y en la que una envolvente verde generaba pequeños rincones y zonas de estar orgánicas como si la Eco-illa laMercedes ya estuviera construida y estuviéramos en sus jardines.


Desde un primer momento se buscó poner en valor la estructura de la fábrica, respetando la retícula de pilares, que a su vez marcaba unas directrices a la hora de diseñar el paisaje de la fiesta.
Mientras que la vegetación seguía una forma poligonal para crear un gran embudo verde hasta el claro del bosque, las guirnaldas de luces que iluminaban el espacio seguían la retícula estructural de la nave, buscando mostrar su geometría y no competir con ella. El mobiliario de jardín rodeado de abedules completaba esta atmósfera creando pequeños espacios de escala doméstica y siguiendo la estructura de la nave.
Por esta misma razón las tres grandes pantallas colgaban de las cerchas, dejando ver la continuidad del espacio diáfano de la nave y creando un efecto espectacular que a su vez ponía en valor la estructura original de esta gran nave de producción de mediados del siglo XX.
Respetar y enmarcar con el verde la arquitectura moderna industrial de la ciudad de Barcelona.


Durante la primera hora del evento los más de 1.000 invitados que asistieron fueron recibidos por todo el equipo de Batlleiroig. Durante ese tiempo, un aperitivo y música en directo amenizaban el reencuentro y las conversaciones con tantos amigos y compañeros. La cúspide de la fiesta fueron los discursos de Enric Batlle y Joan Roig, emotivos y con una mirada al pasado y al futuro. Al final de estos, la gran sorpresa: apareció al ritmo de la música una gran “mona” de chocolate del pastelero Escribà que reproducía la sede de Batlleiroig en Barcelona.
La cena transcurrió como una exhalación, la emoción y las ganas de celebrar después de los largos años de pandemia se palpaban en las conversaciones entre las personas que forman parte de la familia Batlleiroig. Llegó el postre, también al ritmo de la música, en forma de 40 pasteles con impresiones comestibles de obras y personas relevantes de la historia del estudio.
Finalmente, el concierto, que duró hasta las tres de la mañana, cuando la noche se evaporó dejando en todos los presentes el mejor recuerdo de un inicio de verano y el gran deseo: ¿cuándo será la próxima celebración?
Al salir y entrar de la fábrica Mercedes, el espacio vegetal se complementaba con un camino de 900 pequeñas plantas aromáticas que adornaban el acceso y generaban un recorrido. Este camino mostraba la arquitectura moderna industrial y su futuro verde y prometedor para la ciudad de Barcelona. Todos los invitados fueron obsequiados con un ejemplar de estas plantas aromáticas, invitándolos a renaturalizar la ciudad y colonizar sus balcones y jardines con el obsequio.


Un llamamiento a renaturalizar la ciudad y colonizar sus balcones y jardines.Joan Batlle BlayPaisajista, Arquitecto / Director I+D & Subdirector de Paisaje / Partner