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Biblioteca Torres Amat en Sallent

Restauración de la antigua fábrica Torres Amat.

Biblioteca Torres Amat a Sallent
Biblioteca Torres Amat a Sallent

Biblioteca Torres Amat en Sallent

La casa-fábrica Torres Amat, en la actualidad una amalgama de construcciones diversas, está situada en Sallent, pequeña población de la comarca del Bages, en la cuenca industrial del rio Llobregat. En 1892, la fábrica se cierra y la casa se vende. Desde entonces la nave adosada alberga los usos más dispares hasta que en 1981 es comprada por la Diputación de Barcelona con la intención de convertir la casa-fabrica en museo de la familia Torres-Amat y las dos últimas plantas de la nave adosada en biblioteca popular.

Autores

Batlleiroig Arquitectura. Enric Batlle Durany, Joan Roig i Duran – Arquitecto

Equipo

Lluís Maldonado – Arquitecto / Jaume Bassas, Antoni Elizondo – Arquitecto técnico

Colaboradores

STATIC Ingeniería – Ingeniería de estructuras

Promotor

Servei del patrimoni arquitectònic, Diputació de Barcelona, Ajuntament de Sallent

Constructora

Urcotex

Estado del proyecto

Construido

Fecha inicio

1989

Fecha final

1997

Superfície total

1.375 m2
© Jordi Bernardo
© Jordi Bernardo

La nave, propiamente dicha, es una construcción rectangular hecha en mampostería de piedra de tres plantas de altura, asentada sobre los restos de un molino de agua que actúa a la vez de cimentación y sótano. Se estructura en tres crujías, con dos líneas de pilares de fundición, paralelos a la fachada más larga. Estas líneas de pilares se atan entre sí mediante unas jácenas de madera sobre las que cargan unas bóvedas de cerámica. La última planta sustituye los pilares por unos caballos de madera que apoyan la cubierta realizada en cerámica plana y teja árabe. La nave, al estar adosada a la casa-fábrica, no tenía escalera propia, por lo que, al segregarse para convertirse en biblioteca, carecía de comunicación vertical. Por otro lado, el acceso desde la calle se producía, debido a la fuerte pendiente de ésta, desde la planta más baja. Estos problemas de accesibilidad y movilidad general son el motor del inicio del proyecto. La importancia que a la relación con la calle se da en una biblioteca de carácter popular como la que debía de instalarse en la nave, chocaba frontalmente con la obligación de usar tan sólo las plantas primera y segunda. Por esta razón se eligió modificar la entrada situándola en la parte más alta de la calle, con lo que la cota de accesibilidad a la planta primera se reducía considerablemente. Esto obligaba a crear una entreplanta entre la planta baja y la primera en la que aparte del acceso principal podía situarse el guardarropa y las instalaciones del edificio.

Esta entreplanta coincidía con la crujía de la nave más cercana a la casa-fábrica, por lo que ésta se remodeló por entero para albergar los accesos, ascensor y escalera, así como los servicios y los despachos, creando un ámbito de entrada que permitía reconocer la nave en toda su dimensión, acercando visualmente las plantas a la calle y haciendo presentes desde el primer momento tanto las estructuras de madera de la cubierta como el funcionamiento general del edificio. Dado que el programa de la biblioteca destinaba la primera planta a lectura y consulta y la segunda a archivo, la escalera se trató en dos partes de carácter distinto, hasta el primer piso, con un solo tramo bastante ancho y de inclinación muy tendida y hasta el segundo piso en dos tramos más estrechos y empinados que se plegaban sobre sí mismos.

© Jordi Bernardo

La estructura del edificio, aunque en buenas condiciones, resultaba obsoleta según las normativas vigentes, tanto a nivel portante como en lo referente a protección contra incendios. Se optó por una solución que, manteniendo la estructura existente, fuera capaz de consolidarla, haciéndola compatible con las normativas. En primer lugar, se restauraron los caballos de madera y la cubrición de teja, protegiendo la cubierta con un tratamiento ignífugo suficiente. En cuanto al resto de la estructura, se mantuvo el sistema de pilares de fundición, suplementándolos con unos perfiles en L que los conectaban con las nuevas jácenas que, embebidas en los senos de las bóvedas, arriostraban el conjunto. Las antiguas jácenas de madera a su vez se suplementaron con una pletina metálica que a través de unos espárragos se conectaban a la nueva jácena. De esta forma, la antigua estructura seguía colaborando en la estática del edificio, aunque ayudada por unos nuevos elementos. Para no añadir peso inútil al edificio se eligió un pavimento de goma de color rojo.

© Jordi Bernardo

Sallent, por su proximidad al río y su carácter industrial suele estar envuelta en neblina buena parte del año. Por esta razón, así como por su orientación a Norte, la luz que llegaba al interior de la nave era generalmente una luz difusa, ideal para lo que fue su uso primitivo e ideal también para su uso como biblioteca. Por otra parte, el hecho de destinar la crujía más alejada de la fachada principal a accesos y servicios, da a las salas de trabajo una dimensión no demasiado ancha que permite una iluminación general bastante aceptable. Aun así, se dispusieron las mesas de lectura contra las ventanas, perpendicularmente a la fachada, de modo que, a parte de una mayor iluminación, el lector pudiera también, al levantar la cabeza, contemplar el exterior. En fachada el hueco se trató colocando la carpintería enrasada al exterior para captar mejor la luz.

Sin embargo, los huecos de la planta primera, que eran mayores que los de la planta segunda se dividieron en dos partes: la parte inferior, la más cercana al lector, con la carpintería en el interior y la superior, al igual que la de la segunda planta, en el exterior. Para construir este desplazamiento de carpinterías y proteger las jambas que daban al exterior construimos unos cajones metálicos que resolvían el encuentro mostrando, asimismo, el grosor del muro de mampostería. La nueva entrada se trató, asimismo, mediante un gran cubo metálico que albergaba la doble puerta y se incrustaba en el muro. La iluminación artificial se colocó sobre unos soportes metálicos colgados de los techos que sostenían la instalación eléctrica. De esta forma, se permitía un cierto uso flexible del espacio con posibilidad de intercambiar mesas y archivos, acomodando la luz a las posibles distribuciones.

© Jordi Bernardo