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ENTREVISTA A ENRIC BATLLE I JOAN ROIG PER TC CUADERNOS

Per Juan Mª Moreno Seguí

1. Una entrevista siempre, de algún modo, tiene por objetivo llegar a conocer un poco al entrevistado, lo que piensa, como son sus planteamientos vitales, sus convicciones y procedimientos y, en este caso, frente a algo como la profesión de arquitecto. Me gustaría que hicierais para los lectores como una presentación. Aunque muchos ya os conocen y conocen vuestra obra tal vez conocen menos los principales rasgos de vuestra trayectoria.

Así pues, si no tenéis inconveniente, nos contáis a grandes rasgos vuestros orígenes como equipo y los diferentes hitos que han marcado hasta hoy vuestro quehacer. Como un marco donde implantar luego la entrevista.

Aun habiendo estudiado juntos la carrera, ambos somos de la promoción del 73, donde realmente nos conocimos fue trabajando en el despacho de José Antonio Martinez Lapeña y Elías Torres. Este último había sido nuestro profesor en sexto curso y dirigió nuestro proyecto final de carrera. Allí surgió nuestra amistad y la oportunidad de trabajar juntos. En 1981, tras obtener un accésit en el concurso del  Parque del Escorxador y ganar el del Cementerio de Roques Blanques, creamos nuestro propio estudio.

Los ochenta fueron unos años cargados de energía. Se iniciaba un proceso de renovación en las estructuras públicas que al cabo posibilitó la aparición de una nueva generación de arquitectos que,  junto con lo mejor de las anteriores, renovó en pocos años el panorama de la arquitectura en España. El sistema de encargos mediante concursos abiertos nos dio la oportunidad, no sólo de acceder a proyectos de gran envergadura sino, sobre todo, de educarnos  en el oficio de proyectar,  al tener la posibilidad, en muy poco tiempo, de trabajar en escalas y temas muy distintos.

Hicimos muchos concursos y ciertamente ganamos algunos. De esa época son los edificios en Alcañiz y en Murcia o la iglesia en Alarcón pero sobre todo, nuestros primeros parques. Elías Torres había escrito en 1979 un artículo en Arquitecturas bis, “Y el resto verde” que acababa premonitoriamente diciendo: “…satisface pensar que el tema de los jardines, ya casi olvidado, ocupará de nuevo nuestras horas frente al tablero de dibujo” y así fue. Proyectar y construir l’Hort de la Rectoría en Alella, el Parc de la Pegaso en Sant Andreu, el Parc Central en Sant Cugat, el Parc Catalunya de Sabadell, el Parc de l’Estació Vella en Igualada, el del río Congost en Granollers , el del Nudo de la Trinitat y tantos otros, en apenas diez años, fue nuestra mejor escuela. Paralelamente empezamos a trabajar en planeamiento entendido siempre como una actividad integradora de las demás disciplinas: urbanismo, edificación, espacio público y paisaje.

La segunda gran oportunidad vino tras los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, cuando, sin dejar de trabajar en temas de espacio público y paisaje empezamos a desarrollar proyectos arquitectónicos de mayor escala, los conjuntos de viviendas de Sant Boi o Viladecans y especialmente los edificios para corporaciones: la nueva sede del RACC en Barcelona, el edificio Millenium en Sabadell y la ciudad deportiva de Futbol Club Barcelona en Sant Joan Despí. Esta línea de trabajo se ha visto incrementada en la década actual con los edificios para la Universidad Corporativa de Telefónica en Belloch y para Interface o la CMT en el distrito 22@ de Barcelona.

En la actualidad y sin abandonar cuanto hasta ahora veníamos desarrollando, otras demandas cruciales han empezado a “ocupar nuestro tiempo”, como por ejemplo: el planeamiento a gran escala, del que remarcaríamos nuestra intervención en el centro de Viladecans o la ordenación del recinto de la Expo Zaragoza 08, las grandes infraestructuras,  que nos ha permitido volver a trabajar en la construcción de puentes y el tratamiento de residuos, que empezamos con la restauración del vertedero del Garraf. Curiosamente, el vertedero, que ha sido un proyecto muy publicado, ha obtenido premios tanto por su valor como espacio público (Premio al Mejor Espacio Público Urbano Europeo 2004) como por su calidad tecnológica (WAF2008 Energy, Wast & Recycling)

Los tres son temas clave para el futuro y requieren un grado de especialización que supone un nuevo reto para nosotros.

2. El paisajismo es una disciplina joven si lo entendemos de forma estricta. Emparentado con la técnica o el arte ancestral de los jardines y en menor medida con otras actividades en relación con la construcción del medio, parece que necesariamente va asociado con la gran escala para ser entendido y tipificado como tal.

Esta característica de la gran magnitud convierte a los proyectos de paisaje en un tipo habitualmente escaso y sin embargo muy presente en las inquietudes de la sociedad de hoy y de amplios sectores de profesionales de la arquitectura.

Hay muchos arquitectos que hoy se interesan por el paisajismo pero muy pocos que tienen ocasión de practicarlo.

No es así vuestro caso ya que presentáis un currículo bastante amplio de actuaciones con este carácter: El vertedero de Garraf, el parque de la Vaguada de las Llamas, la recuperación del rio Llobregat, la plataforma reservada entre Castelldefels y Cornellá, el parque del tranvía Tiana-Mongat, la riera de Sant Climent, y otros que habéis citado.

¿Qué características o que actitudes específicas entendéis que conlleva un proyecto de este tipo ó más bien, pensáis que los mecanismos que pone en juego el arquitecto frente a un proyecto de paisaje no se diferencian de aquellos que maneja al diseñar, por ejemplo, una silla?

Es cierto que el paisajismo requiere el concurso de un equipo de proyecto multidisciplinar pero también un edificio de oficinas, por citar otro tipo de proyecto, lo demanda.

En definitiva, ¿Qué ingredientes y que aspectos de interés entendéis que caracterizan hoy a esta disciplina del paisajismo?

Siempre hemos preferido la denominación de arquitectos del paisaje, más utilizada en el mundo anglosajón, que la de paisajistas, procedente del entorno de la Escuela Superior de Paisaje de Versalles. Elías Torres en los años 80 denominó a la asignatura que impartía Arquitectura del Paisaje, para distinguirla de su denominación anterior, Jardinería y Paisaje. Se trata sin duda de una denominación difícil, por la aparente contradicción entre los vocablos paisaje y arquitectura, dinámico y en continuo cambio el primero, estático y definitivo el segundo. El término fue acuñado en 1858 por F.L. Olmsted,  autor del Central Park de Nueva York, en contraposición al de “embellecedor rural”. La pasión por ambas disciplinas, paisaje y arquitectura, se superpone en la mayor parte de nuestras intervenciones.

Los proyectos de paisaje se han de desarrollar desde el conocimiento de diferentes disciplinas que provienen tanto del entorno de la arquitectura y el urbanismo como del entorno de las ciencias del medio, agronomía, biología o geología, que nos permiten comprender y conocer el lugar en el que vamos a intervenir, las posibilidades de modelación de sus suelos, las capacidades de sus aguas o las formas de utilizar la vegetación y de prever su futura evolución. La colaboración con otros profesionales se hace imprescindible, pero conviene recordar que el conocimiento de las diversas disciplinas no se ha de presentar exclusivamente desde el análisis experto de cada especialidad, sino que es necesaria una interpretación desde las lógicas de la arquitectura del paisaje que consiga aglutinar en una sola acción argumentos de orígenes muy diversos. La restauración del vertedero del Garraf, por ejemplo, es simultáneamente la resolución técnica de un problema medioambiental muy complejo, el establecimiento de un nuevo paisaje construido desde el conocimiento de los sistemas agrícolas y la creación de un nuevo espacio público.

La arquitectura del paisaje nació de la evolución del antiguo arte de los jardines y adquirió gran relevancia a través del desarrollo de los espacios públicos urbanos. Las nuevas preocupaciones ecológicas han ampliado el campo de acción, han modificado los sistemas de trabajo habituales y han dotado a la disciplina de una mayor repercusión social. En palabras del paisajista francés Michael Corajoud “los jardines vuelven a inventar ciudades” y este retorno no se hace con las formas con que lo hizo en el siglo XIX, próximas al paisajismo inglés, sino con unas características contemporáneas próximas a las actuales corrientes artísticas, a las crecientes preocupaciones medioambientales y a la valoración de la agricultura como magnífico sistema de trabajo.

Si bien se asocia habitualmente el paisajismo a la gran escala, en nuestros proyectos tratamos de trabajar en lo que denominamos “travesía de las escalas” consistente en dominar simultáneamente el conjunto y el detalle, lo global y lo próximo.  El arquitecto José Antonio Acebillo lo explicaba como la necesidad específica de trabajar desde el satélite pero también con la lupa. Este doble posicionamiento, entre la micro y la  macro visión, es intrínseca a los temas de paisaje y quizás cada vez es más necesaria en todas las acciones humanas. En nuestro trabajo procuramos de darle igual importancia a las implicaciones globales que a las resoluciones parciales. Los detalles son lo que finalmente definen la calidad del espacio en nuestro paseo a escala individual, pero nos satisface saber que aquello que vemos participa de un sistema superior. El parque de la Vaguada de las Llamas, la recuperación del río Llobregat o el sistema de parques de la riera de Sant Climent son ejemplos de este tipo de actuaciones.

Lugares en los que se recuperan espacios naturales degradados que estaban a punto de desaparecer y que se convierten en los nuevos corredores verdes de la metrópoli, pero que al mismo tiempo están llenos de espacios urbanos  que pueden percibirse desde la proximidad y que están, diseñados desde las necesidades de los ciudadanos que los van a recorrer.

3. Habéis mencionado la triple acción que ha supuesto la restauración paisajística del vertedero de la Vall d’en Joan de El Garraf: resolver un problema medioambiental, crear un nuevo paisaje y a la vez construir un espacio público.

En esa creación de un nuevo paisaje y dado que su destino no es el de una explotación agrícola, parece que la invitación primera es a buscar una cercanía de carácter con el paisaje natural primigenio, aquel en el que la mano del hombre aún no ha dejado su impronta. Sin embargo vuestra mirada al lugar os ha llevado más bien a recrear el paisaje agrícola.

¿Creéis que aún es posible aquella actitud de los jardines naturalistas o más bien pensáis que es preferible renunciar a una imitación inalcanzable y adoptar otras acciones más cercanas a la obra humana como aquellas que han conformado el paisaje de los cultivos con sus tablas, taludes, caminos, etc. que, por otra parte, han generado en numerosas épocas y lugares, paisajes de gran valor?

El proyecto de restauración paisajística del vertedero de la Vall d’en Joan  ejemplifica muy claramente nuestro criterio en relación a la cuestión que nos planteas. La restauración de un vertedero implica la resolución de diversos problemas medioambientales: cómo establecer un sellado eficiente del vaso, cómo evitar la erosión y las escorrentías de su superficie o cómo realizar la extracción del gas que se produce en su interior. La restauración paisajística que se nos pedía en el encargo parecía ir enfocada hacia la recreación de un supuesto paisaje natural que imitara el paisaje del entorno. Una vez realizada la restauración técnica y la restauración paisajística nos habríamos olvidado del lugar y del problema que tuvo el lugar.

Durante el desarrollo del proyecto le planteamos al cliente que el lugar también podría usarse como un espacio público, que el camino necesario para el mantenimiento podría ser un recorrido de visita al parque natural del Garraf, que se podía establecer un ámbito de acceso que incorporará un aparcamiento, restaurar un edificio existente como centro de acogida y acondicionar los miradores perimetrales como lugares de estancia. Con la escala pública el proyecto completaba la triple acción que antes mencionábamos: técnica, paisaje y uso público.

¿Cómo hubiéramos podido imitar el paisaje del Garraf? ¿Con qué sistemas de formación y construcción? ¿Cómo hubiéramos incorporado en esta supuesta recreación la resolución de los problemas medioambientales? ¿Cómo hubiéramos trazado sobre este paisaje el necesario camino de mantenimiento? La respuesta a estas preguntas se resumiría en que no creíamos posible la recreación de un paisaje natural, que por otro lado habría parecido claramente una ingenua imitación.

La agricultura aparece como la solución. Los sistemas agrícolas son una obra humana, se puede aprender de ellos para la resolución nuevos problemas. Los sistemas agrícolas establecen un orden que permite resolver en una sola acción el triple planteamiento propuesto. El paisaje de campos, taludes, canales y caminos sirve tanto para resolver los problemas medioambientales como para establecer la dimensión pública del lugar. El paisaje agrícola creado nos recuerda a otras situaciones geográficas conocidas: el fondo de un valle cultivado en contraste con laderas sin cultivar. En definitiva la agricultura establece un paisaje, resuelve los problemas técnicos y permite su uso como espacio público.

La agricultura se utiliza como un sistema para recuperar la vida en un lugar que se había degradado totalmente. Se cultiva no con el objetivo de obtener alimentos sino con el ánimo de recuperar la vida perdida. Paulatinamente las terrazas agrícolas se van abandonando y la vida ya establecida sigue su curso. En unos años, la potente geometría de la agricultura quedará desdibujada por el continuo crecimiento de la vegetación. En un recorrido por el interior del vertedero la imagen del lugar nos empieza a parecer “muy natural”. Quizás más que si hubiéramos abordado una falsa imitación del paisaje natural más próximo.

4. El tejido de las ciudades ha estado formado históricamente por una urdimbre general conformada por la vivienda sobre la que destacaba algún hito monumental (catedral, iglesia, ayuntamiento,…) que actuaba como punto tensional. Hace no muchas décadas, tal vez a partir de la revolución industrial, ha comenzado una carrera vertiginosa, que se va acelerando, de aparición de nuevos tipos de edificio hasta el punto de que hoy resulta una labor descomunal la simple enumeración de los tipos edificatorios existentes.

También parece que se valora en los medios de comunicación y en las revistas especializadas es más la que tiene ese sello de singular que aquella otra que conforma el tejido urbano. En vuestro caso llama la atención la importante dedicación al ámbito de la vivienda. ¿A que obedece esto? ¿Supone para vosotros un campo atractivo? ¿Qué particularidades le adjudicáis al proyecto en el campo de la vivienda?

Sería erróneo pensar que nuestra dedicación al ámbito de la vivienda no está relacionada con la coyuntura que se ha vivido en Catalunya y en España en los últimos diez años. El impulso de la administración a la construcción de vivienda dotacional, pero también la fuerte especialización del sector privado en esta faceta han determinado la atención que tanto nosotros como muchos otros estudios, han prestado a la vivienda. Pero también sería equivocado pensar que no existe por nuestra parte un interés específico por la vivienda y en especial por su relación con la construcción de la ciudad. Está claro que hoy en día, la importancia que las tipologías edificatorias y en especial las de las viviendas tienen en los nuevos crecimientos urbanos, es pareja, cuando no superior a la que desde siempre han tenido los trazados o la zonificación. Las organizaciones en bloque, torre, manzana, manzana abierta, hilera etc. buscan optimizar la vivienda, su construcción tipificada y su adaptación a los estándares económicos, pero no siempre responden a las realidades urbanas en las que se asientan. Nuestro interés máximo cuando hemos trabajado en vivienda, tanto si ha sido en el marco de un planeamiento preexistente o teniendo la posibilidad de planificar nosotros la operación,  ha sido priorizar la relación del conjunto con su contexto, es decir con el paisaje que le rodea y con la trama urbana de la ciudad en la que se asienta, pero también tener la posibilidad de consolidar un espacio público que dé sentido urbano a la construcción de las viviendas. Y todo ello forzando, sin romper, las capacidades tipológicas de los edificios. Esta ambigüedad entre el respeto a las tipologías edificatorias estándar y la búsqueda de la integración urbana y la construcción del espacio público, ha marcado la mayoría de nuestras actuaciones.

En Sant Boi, por ejemplo, sin rehuir la tipología de bloque, intentamos consolidar una manzana abierta que respondiera exteriormente a las alineaciones viales que buscaban crear un tejido urbano tradicional y que a su vez respondiera interiormente a la idea de un parque urbano, más propio de los usos contemporáneos. En Granollers, donde tuvimos la oportunidad de proyectar el plan urbanístico de desarrollo del sector, la construcción de las viviendas nos permitió restituir el tejido urbano del centro de la ciudad, redefinir los nuevos espacios públicos y dotarlo de equipamientos, explorando a su vez diferentes tipologías de viviendas, pluralizando la oferta y adaptándola al tejido económico y urbano existente. En este sentido el proyecto más  complejo, pero también más gratificante ha sido el de Viladecans, donde ordenamos un sistema de espacios públicos, a lo largo de la Riera de Sant Climent, construimos un gran parque y un edificio. El edificio, planteado como un híbrido, contenía no sólo viviendas y un centro comercial sino también equipamientos y espacios de ocio privados. Las viviendas, en su totalidad, se orientaron hacia el parque aprovechando  las virtudes medioambientales que ello comporta: ventilación cruzada, calidad atmosférica, iluminación natural y mejora de las condiciones climáticas.  El paseo que proyectamos entre el edificio y el parque se convirtió asimismo en el eje  principal de relación del centro de Viladecans con la nueva estación de tren.

5. Parece que el carácter híbrido de Viladecans os satisface como tal, independientemente de otros valores derivados del lugar, el tamaño de la actuación, etc. Esta cuestión de lo híbrido es hoy objeto de un debate presente en el ámbito de la vivienda.

Numerosos teóricos abogan por hibridar la vivienda colectiva en todos los sentidos.

Si en los albores del Movimiento Moderno se puso el acento en las ciudades formadas por barrios altamente especializados y posteriormente se ha afirmado con rotundidad que funciona mejor la ciudad de la mezcolanza, hoy en día se lleva esa promiscuidad tanto a los usos aglomerados en el edificio o conjunto como incluso a los grupos humanos que ocupan cada vivienda e incluso a las edades de los habitantes que han de vivir en un mismo edificio de viviendas.

¿Tenéis vosotros alguna experiencia o convicción en este sentido? ¿Tenéis un criterio formado a este respecto?

Nuestra mayor experiencia y mejor escuela, es haber vivido y haber tenido el estudio profesional durante 20 años, en  el ensanche Cerdà de Barcelona. La riqueza tipológica, social y morfológica de la ciudad burguesa del diecinueve, se ejemplifican perfectamente en los viejos inmuebles del Eixample. Al nivel de la calle se sitúan la entrada principal y dos comercios que generalmente ocupan no sólo la profundidad edificable del edificio (28 metros) sino también parte del patio de manzana. Pueden ser desde una tienda de comestibles o de ropa a un bar o un mecánico de coches. La anchura de la acera (5 metros) fomenta que a veces parte de los usos del establecimiento salgan al exterior, como las terrazas de los bares pero también los planchistas de automóviles o los vendedores de muebles.

En el entresuelo suelen darse dos pequeños pisos generalmente ocupados por algún tipo de comercio con atención al público como peluquerías o casas de fotocopias. El piso denominado Principal, que solía albergar la vivienda del propietario y en su defecto, de algún arrendatario de alto nivel social, tiene en muchas ocasiones acceso privado mediante un tramo de escalera particular. Frecuentemente estos pisos compartían vivienda y despacho y la mayoría albergaba muchas consultas privadas de médicos, notarios y abogados. Los pisos restantes hasta el quinto eran habitados por las clases medias que asimismo compartían a veces la vivienda con su despacho profesional, aunque de niveles sociales inferiores. Finalmente en la azotea se encontraba la vivienda del portero, generalmente minúscula.

La gran versatilidad de esta ciudad en miniatura que ha sido desde siempre el inmueble del Eixample, le ha permitido evolucionar con el tiempo, adaptándose por áreas a los distintos requerimientos del mercado: la sustitución de los pequeños comercios por cadenas de alimentación, el aumento de oficinas en los pisos inferiores, la proliferación de viviendas de reducido tamaño, para jóvenes, la revalorización de los áticos y azoteas como viviendas de alto nivel, etc.

La riqueza social y la calidad urbana que esta situación de complejidad e hibridación ha conseguido, no siempre ha sido posible de igualar en las nuevas actuaciones urbanísticas. Los rígidos parámetros con los que generalmente trabajan urbanistas y planificadores, imposibilitan la compacidad, coartan la hibridación y eliminan la complejidad.

Y eso es lo que hemos pretendido lograr en Viladecans. Densificar el lugar mediante una implantación compacta. Mezclar comercial y residencial no sólo en planta sino también en sección. Diversificar la oferta comercial en diferentes escalas. Ampliar las tipologías residenciales, incluyendo pequeñas casas pareadas con patio, en una organización de torres e implementar la oferta con unos áticos individualizados. De esta manera no sólo se  introduce complejidad en el  programa de usos (residencial, comercial, terciario y equipamiento), sino también complejidad social, mediante el usos de diferentes tipologías residenciales: pareadas, viviendas corredor, viviendas en torre, etc.

6. Me gustaría escuchar de vosotros una reflexión sobre la tensión dialéctica Forma – Función que tanto peso ha tenido en la discusión teórica moderna y que tan extraña resulta hoy ante el espectáculo al que venimos asistiendo en las revistas de arquitectura de la forma por la forma.

Da la sensación al repasar vuestra arquitectura de que estáis más atentos al aspecto funcional al que llegáis a tildar de “fundamental” en vuestro comentario a la torre Millenium frente a los aspectos de la decisión formal que, aunque impuesta en ese caso, no dudáis en señalar como “banal” y “circunstancial”.

De hecho se detecta en muchas obras vuestras que el motor para la formalización ha partido de cuestiones en torno a la estructura, la distribución del movimiento, la optimización energética, el papel de la piel y su relación con el entorno, etc.

Nuestro trabajo parte de tres premisas esenciales: lugar, programa y materia y aunque seguramente la importancia de cada una varíe según el proyecto, el orden en el que las hemos citado suele ser el orden en el que las valoramos. De la importancia que el lugar, el contexto, la relación con el entorno, tiene con nuestro trabajo, ya hemos hablado antes y sin duda es el motor esencial de muchos de nuestros trabajos. En otros sin embargo, tú has citado la Torre Millenium de Sabadell y es un buen ejemplo de esto, el programa es fundamental.

Hablar hoy en día de programa significa no tanto hablar de usos como de economía. A excepción de las tipologías residenciales, hospitalarias y educativas, en las que el concepto de organización paramétrica del espacio no sólo es prioritario sino incluso vinculante, en el resto de construcciones la versatilidad, la capacidad de transformación y la ambigüedad espacial suelen ser un activo. El programa por tanto, deriva hacia la organización de las fuerzas que son  capaces de producir el edificio y hacia la capacidad de éste de estructurarse frente a las demandas tecnológicas y medioambientales. Es por tanto un problema de relación entre las circunstancias y el proceso y por ello un problema, como decíamos, económico. Frente a esto, no podemos decir que los problemas y las decisiones formales se sitúen en un segundo plano, porque lo que ocurre es que están en el mismo plano que los tecnológicos y forman parte de ellos. Atender a los problemas formales como una excepción es devaluar su sentido.

7. Al contemplar el diseño de las jaulas para guacamayos del zoo de Barcelona uno reconoce, a pesar de la originalidad de la propuesta, geometrías que le son familiares en la obra de Batlle y Roig. Son geometrías que evocan determinados sólidos cristalográficos de matriz hexagonal irregular como las de ciertos cristales de Cuarzo. Geometrías basadas en ángulos poco habituales en la arquitectura (como el ángulo de 120 º) y que podemos observar en otras de vuestras propuestas como el edificio de oficinas CMT, los edificios C e I en Besós, también en la escalera de la biblioteca Torres Amat e incluso en otros casos menos evidentes como el perfil de las viviendas de Mongat o la restauración paisajística del vertedero de Garraf.

El caso más evidente lo tenemos, no obstante, en el edificio de oficinas Interface donde la presencia del chaflán característico de la manzana del Ensanche sirve de pretexto para ello y donde podemos rastrear también semejanzas en los despieces de fachada.

¿De dónde os suelen venir los impulsos formales en vuestra obra? ¿Son meramente circunstanciales, se forman con ingredientes poco conscientes o más bien hay elecciones precisas en este campo?

Nunca nos ha gustado hablar de estilo. Como ya hemos comentado, buscamos y nos movemos permanentemente entre decisiones relacionadas con el contexto, el programa y la materia. Procuramos encontrar las relaciones formales que consideramos idóneas para cada ocasión y escapamos de la repetición de esquemas y soluciones, muchas veces a costa de multiplicar  esfuerzos. Y aun así, como tú bien has advertido, acabamos trabajando recurrentemente con determinadas geometrías.  ¿Por qué esas geometrías y no otras? Seguramente hay una raíz inconsciente en la elección de estas geometrías cristalográficas, como tú las llamas, frente a las más clásicas ortogonales o algunas más casuales o aleatorias. Lo cierto es que contar con una geometría específica siempre es ventajoso para trabajar. Por ejemplo te permite moverte en un terreno conocido, que tú mismo has preestablecido y que controlas, te permite tomar decisiones en base a una estructura gráfica, te permite  modular y por tanto prefabricar o usar elementos estándar y obviamente te permite obviarla cuando se convierte en demasiado rígida. Por esto último, trabajar con sistemas geométricos demasiado rígidos es seguramente inapropiado cuando los proyectos son complejos. Lo cierto es que esta geometría cristalográfica  que a veces usamos, tiene muchas ventajas: es versátil, acomodable, modificable y aun así es una geometría y por tanto un marco gráfico referencial con el que trabajar.

8. Sin embargo antes me pareció entender que, en vuestro planteamiento, la forma se deriva fundamentalmente de la tecnología o quizás estemos haciendo referencia a esa “travesía de las escalas” que apuntabais antes y en base a ella, el lugar aportaría su impulso formal, el programa el suyo, y la materia con su tecnología de fabricación y puesta en obra, el suyo propio, cada uno a su nivel y en su escala.

Los funcionalistas tenían claro que la forma seguía a la función. Ignacio Gardella, tras su proyecto para el teatro de Vicenza, llegó a afirmar: “Aquí comprendí que la forma nace de la idea más que de la función, que hay que hablar de forma – idea más que de forma – función”

¿Cuál es vuestra particular visión del tema? ¿De dónde deriva la forma? Me refiero, claro está, en vuestra particular manera de entender el proyecto y la arquitectura, y no en general.

La discusión sobre la creación de la Forma en arquitectura se centro en su origen, de manera exagerada, en el binomio Forma-Función. La interacción repetitiva entre ellas, en ambos sentidos y la inclusión a posteriori de otros conceptos, no ha dejado ver la multiplicidad de situaciones en las que la Forma debe desarrollarse ni las diversas y cada vez más difusas acepciones del concepto de Función.  No es difícil percibir esto al trabajar en edificación, donde los conceptos de  Historia, Tradición, Contexto, Estructura, Material, etc. afectan a la Forma tanto o más que la propia Función. Sin embargo esta diversidad de influencias se hace aún más patente cuando se trabaja en arquitectura del paisaje, donde tanto la Forma como la Función son deudoras de situaciones específicas difícilmente intercambiables y propias de las condiciones medioambientales del lugar.

La especificidad es para nosotros el marco más ponderable en nuestro trabajo y su observación y adecuación la mejor manera de afrontarlo.

9. Siguiendo con la reflexión en torno a los aspectos funcionales, me llama la atención en vuestra intervención en la antigua fábrica Torres Amat cómo los argumentos de las soluciones planteadas parten de la resolución más lógica de los problemas observados.

Los problemas de accesibilidad y movilidad dan lugar al argumento general de la obra. Los problemas de incapacidad de la estructura de pilares de fundición existentes para responder a las exigencias de carga y de fuego que conlleva una biblioteca se transforman en esa horquilla estructural que personaliza el proyecto, etc. Se me hacía presente aquel pensamiento de Álvaro Siza que decía más o menos: “Dame un problema que quiero hacer un buen edificio” como afirmando que los problemas que se presentan en el curso de un proyecto, lejos de ser obstáculos como la apariencia indica, son en realidad palancas que ayudan a formar la personalidad y la calidad de la arquitectura.

En esta obra se ve claro como de la pega hacéis virtud.

¿Es esta una actitud genérica de vuestra manera de acometer el proyecto de arquitectura? ¿Tiene que ver con el ejercicio de la intervención en la arquitectura existente? ¿Cómo entendéis todo ese mundo de la rehabilitación de la arquitectura?

No creemos que tenga tanto que ver con un posicionamiento apriorístico respecto a la rehabilitación de edificios existentes, cuanto a una manera específica de enfrentarnos a los problemas de relación entre programa y edificio. En el caso de la biblioteca Torres Amat el conflicto de intereses entre el programa propuesto por la gerencia del Servicio de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona (GSB) y la realidad física del edificio era máxima y prácticamente todas las decisiones del proyecto nacen, inexorablemente, de la voluntad de resolverlas. El GSB centra la actividad de sus bibliotecas en el préstamo de libros. Por esta razón intenta que sus edificios sean en planta baja y a poder ser de una sola planta, para facilitar el acceso y optimizar el control,  procura que la organización sea lo más versátil posible para tener la posibilidad de modificar la distribución según el crecimiento de la población o la posible aparición de otras bibliotecas en la zona y trata de iluminar las zonas de lectura de la manera más difusa posible para evitar contrates entre luz y sombra. El edificio de la antigua fábrica Torres Amat que debía albergar la biblioteca, sólo tenía disponibles para el uso las plantas primera y segunda, carecía de comunicación entre ellas y de acceso desde la calle, tenía una marcada estructura portante en fundición, que no resistía el peso del nuevo programa y un sistema de ventanas verticales que ritmaba de manera muy contrastada la entrada de luz en las plantas. Obviamente nadie no se planteó si el edificio era el idóneo para el programa requerido, simplemente se intentó resolver las contradicciones entre programa y edificio y de las soluciones nació, en parte, el proyecto. Sin embargo, no podemos decir que esta sea “la manera” en que entendemos la rehabilitación, simplemente es un caso específico, pero sí que podríamos decir que trabajar de una manera específica es como entendemos que hay que trabajar, no sólo en rehabilitación, sino en cualquier tema.

10. ¿Qué nuevos temas tenéis ahora entre manos? ¿Alguno introduce novedades en vuestro trabajo? Al principio de vuestra trayectoria, como habéis dicho, trabajasteis mucho el concurso de arquitectura ¿Sigue siendo esta una modalidad que os interese?

Como ya te hemos comentado al inicio, los tres temas nuevos que más nos ocupan en este momento son: el planeamiento a gran escala, las grandes infraestructuras y el tratamiento de residuos.

Este último seguramente es el más novedoso y el que de alguna manera ha requerido por nuestra parte una mayor y más intensa puesta al día para comprender y asimilar toda su complejidad tecnológica.

El primer encargo importante relacionado con los residuos fue la restauración del vertedero del Garraf. Este proyecto, en el que empezamos a trabajar en colaboración con Teresa Galí en el año 2002, tuvo y está teniendo una gran repercusión en los medios especializados, por la manera en que se ha afrontado y, espero, por la eficacia de su resultado. La restauración del vertedero, aún en curso, ha provocado la llegada al despacho de otros encargos similares, que además han abierto el abanico técnico hacia la construcción de incineradoras, tratamientos de residuos y en general estudios y tratamientos de impacto medioambiental de estas instalaciones en relación con el territorio sobre el que se asientan. La novedad en este caso radica en la escala de las implantaciones y en la influencia decisiva no sólo sobre la imagen del lugar sino también sobre sus características ecogeográficas.

Pero aún así, a pesar de la llegada de este tipo de proyectos, seguimos trabajando como siempre en los temas en los que desde el inicio nos ocupado, planeamiento, paisaje, edificación, infraestructuras y haciendo concursos, igual que cuando empezamos. Para nosotros los concursos han sido y siguen siendo no sólo una manera obvia de acceder a encargos interesantes, sino un método de conocimiento y aprendizaje inmejorable. ¿El último ganado? Un cementerio….como hace casi treinta años.

Enric Batlle i Joan Roig.